Sunday, June 26, 2005

Quehacer Poético (Caretas 1875)

Crítica a Pantheón, de Fernando Ampuero. (26/05/05)

¿Cómo señalar la metáfora mal hecha cuando el lenguaje, intentando con pompa el salto poético, apenas queda en tropezón lingüístico? ¿Qué verso destacar, qué imagen, ritmo o idea sacar a colación ante líneas como éstas:
“Es un arcángel resplandeciente / Atrapado / En el cuerpo de un camionero” (‘Rodolfo, el cocinero’)?
¿Y cómo no reír? Prosaico hasta la vulgaridad, la opacidad de los 19 “poemas” de Fernando Ampuero publicados en Quehacer 153 le proponen al reseñador una labor que se debate entre la carcajada, la condescendencia y la autocensura por pudor. Son textos ahogados en la monosignificación que no superan nunca el tono de chisme de parque, de confesión alcohólica, de diario con acné. Excepto, claro, cuando aparecen candorosas rimas de estampa escolar:
“Cuando está feliz remeda a las rocas / Y por eso mismo nunca se le nota” ( ‘José, el oriental’).
La ingenuidad llega a un punto en el que todo intento de lectura seria sucumbe ante el desenfreno de tanto desparpajo. Por eso sorprende que Quehacer califique de ‘espontáneos’ y ‘desenfadados’ estos versos:
“Es un poeta sin biografía / Que no admite época ni ideología” (Carlos Germán, el anacrónico).
Si el desenfado entendido de esa forma fuera una virtud, Jaime Bayly sería el Allen Ginsberg peruano. Entonces, al momento de buscar la tradición en la cual enmarcar al Ampuero poeta, lo único que surge es esa gran veta de humor involuntario en la que brilla Eduardo Rada, aunque ahora amenazado por la estela del autor de Muslo que Subo. ¿Pero es que Ampuero se ha quedado sin amigos? ¿Nadie le pudo decir que para homenajearlos bastaba levantar el teléfono? ¿No será este un nuevo intento de ‘El Lunarejo’ por desprestigiarlo? La desafortunada insistencia en la lírica del autor de Mamotreto huele más a ego en apuros que a vocación. Pound decía que todo el mundo debería escribir poemas, pero no todos deberían publicarlos.
(Jerónimo Pimentel)